No necesitas rogar atención ni quedarte donde sientes que tu corazón no encuentra la misma entrega que ofreces.
A veces, las personas simplemente no pueden darnos aquello que necesitamos. No necesariamente porque sean malas, ni porque no tengan sentimientos, sino porque cada uno ama, siente y expresa de una manera diferente.
Y comprenderlo también es una forma de amar.
No hace falta reclamar, señalar errores ni buscar culpables. Hay momentos en los que la mejor decisión es aceptar lo que es, agradecer lo vivido y seguir adelante con serenidad.
Si alguien no puede estar, no tienes que perseguir su presencia. Si un vínculo deja de hacerte bien, puedes tomar distancia sin resentimiento y sin necesidad de cerrar la puerta con enojo.
Soltar significa comprender, respetar la libertad del otro y, al mismo tiempo, cuidar tú propia paz.
Puedes retirarte en silencio, con dignidad y con el corazón tranquilo. Sin reproches, sin palabras que hieran. Simplemente aceptar que quizá los caminos ya no van en la misma dirección.
No necesitas convencer a nadie de tu valor. Quien pueda apreciarte lo hará desde la libertad, desde el cariño y desde el deseo genuino de compartir contigo.
Aprende también a ser comprensiva contigo misma. Todo es aprendizaje.
Quédate con lo bueno, aprende de lo que dolió y deja ir aquello que ya cumplió su ciclo.
Mereces vínculos que te den tranquilidad,alegría y reciprocidad. Puedes simplemente elegir tu paz.
Porque el amor propio no reclama ni demuestra nada.
Continúa caminando hacia la luz, con el corazón liviano.
Porque soltar con amor también es una manera de ser feliz.
